El tambo, con los peores números en 20 años

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La pérdida de rentabilidad en un establecimiento testigo en Villa María superará este año el 10%, según el Ieral.

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Alejandro Rollán

A la incertidumbre que viene padeciendo desde hace varios meses, el productor lechero le suma por estos días un momento de definición: debe decidir si el maíz que ya tiene listo para picado lo termina convirtiendo en reserva forrajera, o lo deja en el lote para venderlo más adelante como grano.

De esta decisión dependerá la producción de leche del presente ciclo, un período que se encamina a ser el de mayor rentabilidad negativa para la actividad en las últimas dos décadas. El dato, tan alarmante como contundente, lo aporta el monitor sobre la rentabilidad del tambo en la provincia confeccionado por el Ieral de la Fundación Mediterránea.

El estudio, elaborado por los economistas Juan Manuel Garzón, Nicolás Torre y Francisco Bullano, refleja el desenvolvimiento de la rentabilidad operativa (ROA) de la producción de leche en las últimas 16 campañas y proyecta los resultados para el actual ciclo (2015/2016), que comenzó el 1º de julio pasado y termina el próximo 30 de junio.

Durante los últimos 17 años, la película de la lechería ofrece imágenes repetidas. “Entre 1999 y 2002 se registró la gran crisis lechera con desaparición de tambos; de ahí en adelante hubo una mejora en la cadena con una intensificación de la producción y el desarrollo de nuevos mercados. Ahora es como que estamos ante un revival de la fuerte crisis de 1999, con dificultades para colocar productos en el extranjero”, comentó Nicolás Torre, uno de los autores del monitor lácteo que es parte de una secuencia de indicadores agrícolas y ganaderos realizado en forma conjunta con el Ministerio de Agricultura de la Provincia.

Resultados

Para llegar a ese diagnóstico, el estudio parte de un modelo de tambo semi pastoril ubicado en dos cuencas de la provincia: Villa María y Brinkmann. Ambos establecimientos no realizan actividades conexas, como recría y producción de granos. El módulo de producción de leche solo vende los terneros y terneras a una guachera a precio de mercado, y luego compra a la unidad de “recría de hembras”, las vaquillonas para cubrir la reposición de madres necesaria para mantener estable la capacidad productiva del establecimiento.

En ambos tambos, la actividad se desarrolla en campo alquilado con relativa aptitud agrícola, donde parte de la superficie está destinada exclusivamente a la producción de pasturas, verdeos y maíz para forraje.

El que está ubicado en Villa María cuenta con un rodeo de 300 vacas totales, con 230 en ordeñe y una producción promedio de 21 litros por vaca en ordeñe por año. El situado en la cuenca noreste, en las proximidades de Brinkmann, tiene un rodeo de 200 vacas totales, con 155 en ordeñe, y una producción promedio de 18 litros por vaca al año.

A lo largo de las 16 campañas analizadas, la rentabilidad en el tambo ubicado en Villa María no fue estable, pero le alcanzó para cerrar la serie con una ganancia promedio de nueve por ciento. Su desempeño mostró períodos de tasas de rentabilidad por encima de la media y otros con indicadores por debajo; incluso algunos ciclos con rentabilidad negativa, como en las campañas 1999/2000; 2008/09 y 2012/2013 (ver infográfico).

“Una ROA negativa indica que durante esos años los productores debieron desprenderse de parte de su capital para cubrir el total de las erogaciones”, acotó el economista Juan Manuel Garzón.

El tambo ubicado en la cuenca noreste también arrojó durante los 16 años bajo análisis una rentabilidad promedio positiva. Aunque menor a la registrada en Villa María, el tambo en San Justo tuvo un ganancia de 4,8 por ciento. Su mejor desempeño fue en el período posconvertibilidad, entre 2002 y 2008, cuando mostró una ROA promedio de 14,3 por ciento. Desde entonces, la rentabilidad se ubicó en valores sistemáticamente inferiores: entre tres y 0,1 por ciento promedio.

En rojo

Si los 16 años de vida analizados de ambos tambos no fueron fáciles, el presente ciclo amenaza con complicar aún más los números. El presente ciclo terminará con la mayor rentabilidad negativa para la producción de las últimas dos décadas.

La combinación de costos crecientes (el maíz pasó en diciembre pasado de 800 a 2.100 pesos la tonelada) y un precio percibido por la materia prima en continua baja desde hace casi un año agravó la situación de las explotaciones. Todo en un contexto de precios internacionales en baja (entre los más bajos de los últimos cuatro años) y de un mercado interno saturado e incapaz de absorber el sobrestock que hoy exhibe la producción de lácteos.

Para el cálculo de la rentabilidad 2015/2016 en el tambo de Villa María, el estudio del Ieral trabajó sobre tres escenarios alternativos de precios para la leche cruda en el primer semestre del año. “La actual coyuntura hace que nos encontremos con precios peores respecto del escenario pesimista planteado, que preveía que la industria iba a pagar 2,80 pesos en enero vencido, con una suba mes a mes hasta alcanzar 3,05 pesos en junio”, sostuvo Garzón.