Mauricio Macri desinfló los globos amarillos

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La presentación en la Asamblea Legislativa mostró un giro discursivo en el Presidente. Las dificultades económicas abrieron diferencias en el gabinete. El Congreso será la arena de los próximos desafíos

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El martes pasado, en el Congreso, Mauricio Macri desinfló los globos amarillos. El repaso obvio de la herencia recibida puso al país en su lugar. La estrategia de no reparar en la realidad porque no había que contarles malas noticias a los argentinos terminó. Escudados en una supuesta sugerencia de Jaime Duran Barba, los principales hombres del Gobierno colaboraron sin saberlo con el kirchnerismo: subconsideraron lo que Cristina Kirchner dejaba, no tanto por la herencia en sí misma, sino por el diagnóstico y las recetas.

La salida del cepo, considerada por muchos el mayor éxito del gobierno, es un fiel ejemplo de esta conducta. Se analizó un solo aspecto de la cuestión: la inmediata liberación del tipo de cambio.

Alfonso Prat Gay y Federico Sturzenegger no le prestaron el debido cuidado al impacto en los precios de subir el dólar ni tampoco intentaron implementar un mínimo consenso entre empresarios y sindicalistas para que las variables de la economía no se disparen, ni tampoco sabían, a juzgar por lo que vino después, que el ministro de Energía preparaba un aumentazo de la luz. El resto fue dejado a la magia: el campo, feliz por la desaparición de las retenciones, liquidaría entre diciembre y enero todos los dólares que tenía; los empresarios, sobre todo los supermercadistas, acompañarían la medida del Gobierno con respeto y cautela en las remarcaciones; el mundo financiero tanto local como internacional acudiría en fila a ofrecer dinero fresco al Banco Central para aumentar las reservas; y la negociación con los holdouts sería un trámite protocolar que se resolvería en una semana.

El megapréstamo bancario llegó con 30 días de demora y los 20.000 millones de dólares se convirtieron en 5.000 millones: en el medio brilló el paroxismo de un préstamo directo del Tesoro norteamericano a Argentina en diciembre por 2.000 millones de dólares. Pero nada de eso pasó.

Al revés otra jugada exitosa, la negociación con los docentes que permitió que las clases comenzaran, sobre todo en la Provincia, en tiempo y forma, fue producto de marchas y contramarchas, enojos con Esteban Bullrich y discusiones entre la Casa Rosada y los gobernadores. Es verdad que el tema se zanjó con un importante aporte nacional a las provincias a través del FONID, pero vale remarcar el ejemplo Bullrich: tuvo una idea, la negoció con CTERA, logró el compromiso de que las clases comenzarían y se lo impuso a la cúpula macrista. Todo lo contrario a lo que venía sucediendo: no fue idea PRO para cambiar el mundo. El mundo real le cambió una idea a PRO. Con consecuencias en la política económica: la inflación anual estará por encima del 30% y es improbable que ningún acuerdo salarial sea, en términos de 12 meses, inferior a ese porcentaje. Saludo, medalla y beso para Jorgito Triaca que había hablado de otro techo salarial.

LA INFLACIÓN ANUAL ESTARÁ POR ENCIMA DEL 30%

A la oposición le vale una vez más la frase de Giulio Andreotti: «El poder desgasta al que no lo tiene». El kirchnerismo en 90 días ha sido el mejor ejemplo de aquella máxima. Reducido a un conjunto de fanáticos sin sorpresa y carecientes de un poder político real, se inclinan por actos testimoniales, como la patética muestra que dieron el martes en la Asamblea Legislativa.

Y cumple además con otra función más importante, involuntariamente: es el dador gratuito de oxígeno para el gobierno macrista. «Cada vez que aparecen, que critican, que hacen un acto o una declaración nos mandan toneladas de oxígeno«, explicaba a este periodista uno de los hombres clave de la Casa Rosada. Es que el macrismo se aferra, no erróneamente, a mantener la lógica binaria de la disputa con el kirchnerismo, en la que siempre sale favorecido.

Fue esta lógica, sin embargo, la que le hizo al macrismo subconsiderar la herencia y los remedios para repararla. Creyó que alcanzaba solamente con invertir la imagen K: no más cadenas nacionales, fin del cepo, derogación de las retenciones, apertura al periodismo y regreso de la conferencias de prensa, compulsión a las reuniones de gabinete como la solución a todos los males, apelación a un discurso entre gandhista y budista del trabajo en equipo y la mirada hacia el futuro y convocatoria al dialogo con los demás. Salpimentado con despidos de «ñoquis» y militantes rentados y la difusión extraoficial de cierta herencia recibida en determinadas dependencias y regado con imágenes cuidadas del Camelot de los Kennedy de los 60 en la versión local, con el perro Balcarce, la familia presidencial y la aparición de funcionarios en los supermercados haciendo compras.

¿Si todo se solucionaba tan fácil y rápidamente, para qué andar contando el estado de la nación que Cristina Kirchner entregó? Ese era el razonamiento del Gobierno hasta hace pocas semanas.

Como bien señalaba la semana pasada el periodista Alberto Valdéz, la peor herencia que Macri recibió del kirchnerismo fue la cultural. Los argentinos quieren que no haya más piquetes, pero les molesta un protocolo para removerlos; comprensiblemente no quieren cortes de luz, pero tampoco comprenden que los porteños y bonaerenses hace una década que reciben facturas sin aumentos; le molesta el déficit fiscal, pero no quieren escuchar nada de planes de austeridad de recursos públicos cuando afecta el bolsillo directo de alguno; ni que hablar de las transmisiones de fútbol, que deben ser gratis y para todos, pero no quieren pagar; o de la deuda externa o el default, que nadie quieren seguir teniendo, pero no a costa de pagarles a los fondos.

EL MACRISMO CREYÓ QUE ALCANZABA SOLAMENTE CON INVERTIR LA IMAGEN K

Y esto no es un solo una teoría: el Presidente recibió un extenso trabajo donde la mayor parte de la gente sigue a favor de YPF y Aerolíneas en manos del Estado, como así también el sistema de jubilación y hasta la defensa de la política de derechos humanos (no por nada Estela de Carlotto fue recibida por Macri y Peña con pocos días de diferencia).

El Presidente enfrenta en las semanas entrantes varios desafíos parlamentarios: la aprobación de los pliegos de los dos jueces de la Corte Suprema y la sanción de las leyes para sellar el acuerdo con los holdouts. Las negociaciones que hasta una semana hacían prever noticias alentadoras para el Gobierno parecieron haber ganado cierta indefinición. Escudados en el enojo por el discurso presidencial, peronistas, ex kirchneristas y filokirchneristas comenzaron a plantear sus reparos a todo. El problema no solo es en Diputados, sino también en el Senado. Y no es consecuencia del discurso del martes, sino en la demora del «cumplimiento» -palabra elegida por un legislador peronista- de las promesas hechas en enero y febrero a los gobernadores peronistas. No por nada este martes hay una reunión clave de gobernadores con Rogelio Frigerio y Emilio Monzó.

El ministro Prat-Gay, en la Cámara de Diputados.

Cuando todo es victoria, sobran los mariscales que la lograron. Pero cuando las cosas comienzan a complicarse nacen las internas. En un hecho verdaderamente sorprendente el jueves, Prat Gay -a lo Domingo Cavallo- decidió encarar directamente las negociaciones con los diputados para conseguir el final de las leyes cerrojo y pago soberano. Recibió en el Palacio de Hacienda -algunos encuentros fueron publicitados y otros no- a representantes de todos los bloques, que si bien son opositores aparecen hoy como circunstanciales aliados de la Casa Rosada. La jugada de Prat Gay no es casual: a sus diferencias con Sturzenegger por el manejo del dólar -sobre todo del lunes y martes- está soportando la embestida de Peña y Frigerio por el control real de las partidas presupuestarias, que inesperadamente están en manos de un kirchnerista: el santafecino Gustavo Marconato, de mejor relación con Néstor que con Cristina.

Hay más internas para este boletín: Gabriela Michetti cada vez oculta menos sus históricas diferencias con Peña. Fue la vicepresidente la que llevó la voz cantante frente a Macri el lunes por la tarde-noche en favor de incluir en el discurso del día siguiente las 17 menciones a la herencia recibida. Monzó y Horacio Rodríguez Larreta dirimieron sus cuitas en el ring del directorio de la Acumar. María Eugenia Vidal fue muy clara frente al enojo de Monzó de que el arreglo con Massa en la provincia no formó parte de un acuerdo más amplio que incluyera al Congreso Nacional. «Necesito un consenso parlamentario permanente para gobernar la provincia«, fue la respuesta de la gobernadora para explicar por qué Jorge Sarghini, un hombre del Frente Renovador, preside la Cámara de Diputados Provincial.

LA PEOR HERENCIA QUE MACRI RECIBIÓ DEL KIRCHNERISMO FUE LA CULTURAL

Fulvio Pompeo, el asesor internacional de la Casa Rosada, imaginó tener mayor influencia en la Cancillería de Susana Malcorra, como Gustavo Lopetegui, uno de los «managers» económicos de la Jefatura de Gabinete, creyó que la relación con el Palacio de Hacienda sería mejor. O «Pancho» Cabrera, tener más peso en las decisiones económicas, teniendo en cuenta que es el responsable de nada menos que la política y la estrategia frente a los precios. Y por supuesto Jorge Todesca ni en la peor de las pesadillas soñó con un enfrentamiento público con Graciela Bevacqua.

Hasta el propio Presidente tuvo lo suyo. Discutió con Daniel Angelici por el nombramiento de jueces federales en las provincias. Y se negó terminantemente a avalar cualquier negociación en el Congreso que significara un ida y vuelta a cambio de la aprobación de los proyectos del Gobierno. Sin olvidarnos del revuelo que causó en Comodoro Py el proyecto de German Garavano para reformar la vida de los jueces federales y nacionales de instrucción.

Conscientes de que es momento de ordenar el discurso, pero por sobre todo la acción política, el martes por la noche, con cierta reserva se juntaron en la Quinta de Olivos las principales figuras políticas del macrismo, sin el Presidente. Esta virtual «mesa política» contó con la presencia de Vidal, Larreta, Peña, Monzó, Frigerio, Federico Salvai y Jorge Macri. Acertaron en el diagnóstico: a los tres gobiernos macristas, pero sobre todo, al nacional, le hace falta política.

Mientras tanto, la oposición va llevando su derrota como puede. A veces tan mal que parecen más dignos de un psicólogo que de un analista político: el kirchnerismo todavía no cambió su ubicación en el recinto de los Diputados. Sigue ocupando el ala izquierda -la derecha del Presidente- como si fuera el bloque oficialista, cuando ahora es la minoría opositora, y esas bancas son ocupadas habitualmente por la bancada mayoritaria.

Los peronistas no K que creían tener cerrado un acuerdo con el Gobierno tanto en el Senado como en Diputados ahora no saben en donde están parados y hasta dentro del propio partido, ni siquiera una figura indiscutida como José Luis Gioja tiene garantizada la presidencia del partido sin fisuras internas.

Solo tuvo una buena semana el salteño Juan Manuel Urtubey. Dio el puntapié inicial a su carrera presidencial revelando el romance con Isabel Macedo. «Estoy enamorado», dijo el viernes en su provincia natal.