Otra condena por femicidio, otra familia que busca reconstruirse

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El exconcejal Walter Aragallo recibió cadena perpetua por matar a María Eugenia Villafañe. El hijo de ambos será criado por la tía y por su esposo.

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Por Denise Audrito

Río Cuarto. El asesino de María Eugenia Villafañe (33), Walter Omar Aragallo (40) fue condenado a prisión perpetua justo el día en que el hijo de ambos cumple dos años.

El niño, que es el menor de los cinco hijos de Eugenia, está a cargo de la hermana de la víctima, Noelia, y de su marido, Rodolfo Marcelo Álvarez. “El bebé empezó a hablar. Distingue: ‘Mamá Noe’, que soy yo, y ‘mamá Euge’, a la que ve en fotos y le da muchos besos. No sé cómo le vamos a explicar el día de mañana. Vamos a tener que prepararlo bien porque es un pueblo chico. La nena también llora, extraña”, cuenta la hermana de la víctima.

En el juicio con jurados populares, la Cámara 2ª del Crimen de Río Cuarto se encontró a Aragallo autor penalmente responsable de homicidio calificado por alevosía y por violencia de género, el agravante con el que se asocia la figura de femicidio. “El dolor nunca se va a ir pero al menos hubo condena. No quedó como otros crímenes impunes. Agradezco a la Justicia y al pueblo que apoyó”, dijo la mamá, Virginia Herrera.

“Esta sentencia es para los chicos. También para todas las mujeres mamás que perdieron la vida y para las que la Justicia no llega. Yo me hice una pro­mesa: siempre vamos a cuidar al bebé, que hoy cumple dos años. Le daremos un gran abrazo cuando lleguemos a Canals. El me dice papá a mí, yo lo quiero mucho, mucho”, dijo conmovido Rodolfo Marcelo Álvarez, marido de Noelia y cuñado de la víctima.

En el veredicto dictado ayer, se dejó sentado que Aragallo deberá hacer un tratamiento psiquiátrico, con evaluaciones mensuales. En su alegato, el fiscal Jorge Medina calificó a su accionar como “digno de un psicópata”. Lo acusó de haber premeditado el crimen: pasó a buscar a la joven con un cuchillo; la llevó a una zona alejada de la ciudad para que no pudiera pedir auxilio; le profirió múltiples puñaladas cuando presumiblemente ella estaba embarazada de otro hijo suyo; y la dejó tirada con una bolsa del club de fútbol que él presidía. Además, compró un chip de Entre Ríos y simuló un llamado falso a una amiga.

Complicidades

La Justicia dispuso remitir los antecedentes a la Fiscalía de turno para que se investigue quiénes lo ayudaron y fueron cómplices. “Falta esclarecer quién le llevó ropa, lo ayudó a esconder el cuchillo y quién se hizo pasar por Eugenia para hablar por teléfono y decir que se había ido por propia voluntad”, apuntaron los padres.

“Estaba tan metida con él que le aguantaba todo”, sostiene Virginia, la madre de Eugenia. Cuenta que la vio con moretones en un par de oportunidades y que ella siempre le negó problemas. “Me decía que estaba con un hombre casado que no quería que nadie se enterara de su relación. Pero que era una persona buena. Lo quería muchísimo, lo justificaba”, dice la mamá.

Madre adolescente

Noelia recuerda que su hermana quedó embarazada en el secundario de su primera hija. “Ella empezó a trabajar en la panificadora cuando era muy chica, al final dejó el colegio. Luego quedó embarazada del primer varón, estuvo sólo un año y medio conviviendo con el papá porque era violento, pero él iba y venía, y tuvieron dos hijos más”, indicó.

El padre de Eugenia contó en la audiencia que los niños “iban caminando solitos de noche a la comisaría” del pueblo a denunciar cómo esta pareja le pegaba a su mamá. María Eugenia trabajaba además en elaboración de chacinados, en un servicio de lunch para fiestas y en limpieza del club que Aragallo presidía. Como él tenía esposa e hijos, era un hombre conocido en el pueblo –tenía un comercio de venta de celulares, había sido concejal y candidato a intendente–, mantenía oculta la relación.

Noelia recuerda: “Cuando mi hermana y mi marido fueron a preguntarle por Eugenia, estaba pendiente de que la mujer o el padre no entrara a su negocio. No quería que nadie se entere de la relación”.

“Se ponía nervioso”

La mamá de la víctima contó que María ­Eugenia le dijo a una amiga: “‘Por ahí se ­pone nervioso y me pega pero no es nada’. La llevaba de viaje y la ­dejaba por ahí. Una vez la dejó en Villa María para que no los vieran entrar juntos al pueblo y le pegó un ­palizón”, ­lamenta la mamá.